WATCHMEN
Los antihéroes de un mundo en crisis.

 

Dirección: Zack Snyder.

 Int: Patrick Wilson, Malin Akerman, Billy Crudup, Jackie Earle Haley, Matthew Goode, Jeffrey Dean Morgan, Carla Gugino.

Guión: David Hayter y Alex Tse, basado en la novela gráfica de Alan Moore (no figura en los créditos) y Dave Gibbons publicada por DC Comics.

 

Por Javier Califano.

El director  Zack Snyder (“300”, “Dawn of the dead”) tomó el desafío de llevar a la pantalla grande WATCHMEN, una de las novelas gráficas más significativas del comic americano; así, la obra de Alan Moore y Dave Gibbons es catalogada como “El Ciudadano Kane” del noveno arte por su soberbia calidad artística y argumental que legitiman su condición de obra de culto.

Anteriormente, grandes realizadores como Paul Greengrass, Terry Gilliam y Darren Aronofsky - en cualquiera de los tres casos- respetables hombres de cine, intentaron abordar el proyecto con grandes dificultades y contratiempos.

Durante la década del 90’, el genial y alocado Terry Gilliam se mantuvo paciente a la espera de realizar la colosal épica del comic de super(anti)héroes, pero debido a su fallida versión de “Don Quijote de la Mancha”, Gillian no pudo sortear con éxito las vicisitudes impuestas por los molinos de viento de la industria de Hollywood.

Pasado el tiempo, Hollywood no desistía de tener su versión cinematográfica de WATCHMEN, y el proyecto llegó a las manos de Darren Aronofsky, quien luchó con uñas y dientes por el proyecto mientras lidiaba con tempestades desatadas ante los estudios y productores de la magnífica “The Fountaine”. Aronofsky es un avezado realizador, acostumbrado a tener el carácter necesario para luchar por la ideología de sus obras.

Es necesario  recordar que Darren Aronofsky se había quedado, a principios de esta década, con la sangre en el ojo .. y una personal versión de Batman en el tintero.

Paul Greengrass (“The Bourne Ultimatum”) fue el realizador que más cerca estuvo de llevar el proyecto a la etapa de rodaje, incluso llegando a tener el casting -que apuntaban al por entonces desconocido Daniel Craig como el Dr. Manhattan y John Cussack entusiasmado por interpretar a Nite-Owl II-  y efectos visuales a cargo de ILM. Pero terribles litigios entre los productores y los directivos de Warner detuvieron el proyecto a días de iniciar la filmación.

Aronofsky, Greengrass y Gilliam  nos hubiesen entregado una adaptación libre, soñada y original, pero decididamente “basada”  en la obra original, que hubiese respondido a un discurso propio y muy personal de los realizadores.

 

WATCHMEN es una obra cargada de simbolismos que funciona a diferentes niveles de interpretación, siendo un policial negro, una descomunal crítica social al estado reaccionario de los Estados Unidos de la década del 80´, o el enfrentamiento definitivo entre el Superhombre Nieztchiano y Dios.

La novela gráfica esboza la existencia de un escenario expresado a partir de lo paradójico de un suceso histórico  que se ha desarrollado de un modo diferente, a saber…

¿Qué hubiese sucedido si?

EEUU. Hubiese ganado la guerra de Vietnam y Nixon fuese prácticamente el eterno presidente de Norteamérica, por las tantas veces que se ha re-elegido.

¿Qué hubiese sucedido si?

EE.UU., la nación que se conmovió ante las maravillosas hazañas de los vigilantes enmascarados a finales de década 40’,… más tarde, a principios de los años 80’, su gobierno solicita a los héroes que revelen sus identidades o se retiren. Por lo tanto, en este mundo no podría aplicarse la palabra superhéroe más que a un solo personaje, el Dr. Manhattan, cuyas habilidades van más allá de las humanas... representando a una maravillosa entidad, cuyo sinónimo aplicable alcanza peligrosos paralelismos con  la encarnación imaginable de un Dios entre los hombre.

"Dios existe y es americano".

Fruto de un experimento, el Dr. Manhattan se convierte en un "Ser Todopoderoso" en tierra, un dios norteamericano, una mente científica en un cuerpo capaz de desafiar todas las leyes imaginables, y manipular la materia o el tiempo a su antojo. El único Superhéroe al servicio del gobierno norteamericano. La simple presencia del Dr. Manhattan garantiza los designios de la Nación Americana. Pero este superhombre/Dios cada vez comprende menos el erróneo proceder de la humanidad y, por lo tanto, se llama al exilio en Marte… Mientras tanto, la humanidad se prepara para afrontar un final que parece inexorable, ante una desmedida carrera atómica por el control de la paz.

 

Luz, cámara… Acción

 El realizador Zack Snynder plantea una metódica -y milimétrica- orquestación del film, en  favor de obsesionarse por la búsqueda de la más transparente traspolación de géneros -léase de la novela gráfica al celuloide-  gestando -así-  un film  fiel a la narrativa presentada por Moore y Gibbons en el cómic, alterando el material original solo  lo justo y necesario.

La devoción Snyder por lograr una exhaustiva simetría entre el espacio narrativo de la novela gráfica y la realización del film, conducen al realizador a una desmesurada y a la vez encantadora obsesión, puesta en manifiesto en el modo en que su punto de vista  reprodujo cada uno de los planos de sus escenas, cual viñetas de las páginas del comic original. Tamaña obsesión fue pocas veces vista en el cine, de momento solo recuerdo la perturbadora y minuciosa  realización de la versión de “Psicosis” de Gus Van Sant.

El elenco de 'Watchmen', está integrado por Patrick Wilson (“Hard Candy”, “Little Children/ Juegos Secretos”), Malin Akerman, Jackie Earle Haley (“Little Children”/ “Juegos Secretos”), Billy Crudup (“El Gran pez”), Matthew Goode y Jeffrey Dean Morgan ("Grey's Anatomy" ).

No es de extrañar que 'Watchmen' sea uno de los cómics más estudiados y analizados de los últimos tiempos. El mundo de 'Watchmen' no es un mundo del comic sino de ciencia-ficción, quizá el cruce perfecto entre Dick, Maquiavelo y Orwell.

 

Sitio oficial y trailer: http://watchmenmovie.warnerbros.com/

 

 

 

El Curioso Caso de Benjamín Button
El contexto por sobre la metáfora
entre el realismo mágico y la gran épica americana

 

Dir: David Fincher 

Int: Brad Pitt, Cate Blanchett.

Por Javier  Califano.

 

 

El tict-tac de un extraordinario reloj que corre con sus manecillas al revés del sentido figurado de todo reloj, simboliza la metáfora -forzada- de Benjamín Button, un hombre que nace con el cuerpo de una persona de ochenta años, marchito, arrugado y enclenque, pero a medida que  avanza en edad, asombrosamente, su cuerpo manifestará un notorio  rejuvenecimiento.

 

Aterrorizado por el suceso, su padre, un magnate industrial, lo abandona en una residencia geriátrica, donde el pequeño será criado bajo el ala protectora de una enfermera de color, quien le brindará todo su amor maternal y contención. Así, con el correr de los años,  Benjamín Button,  gloriosamente, se habrá  de transformar en… un jovial Brad Pitt, rubio, apuesto, elegante y atlético, que resulta el objeto inmanente de una forzada simetría de un personaje y un país -Los Estados Unidos- en crecimiento…

 

A primera vista, la  película puede ser considerada como una opción muy arriesgada para el director David Fincher, aquí en plan de adoptar las cualidades narrativas propias  de realizadores como Terry Gillian, Tim Burton o Wes Anderson, avezados narradores en lo que refiere a metáforas y tópicos surrealistas.

 

Sin embargo, celebraremos el carácter temerario de Fincher,  probablemente, uno de los pocos directores con la habilidad de ocuparse del esplendor visual de un film sin perder de vista  el equilibrio y peso narrativo del relato. Aplaudimos la iniciativa de forzar sus límites personales en favor de expandir sus horizontes narrativos. Pero, claro está, Fincher es un realizador que se ajusta al marco referencial de la labor de un guionista o libretista; aún no aparece en sus películas esa chispa que lo conduzca a elaborar la metáfora visual necesaria para dotar  su filmografía  de “Estilo” y  rúbrica personal.

 

Las películas anteriores de David Fincher ("El Club de la Pelea", "Se7en" y "Zodíaco") eran consistentemente oscuras, refinadas y  elegantes, pero la búsqueda de horizontes narrativos  para este destacado director hacen de “El Curioso Caso de Benjamín Button”  un ejercicio fílmico apremiado,  que habrá de quedar a medio camino entre el realismo mágico y la gran épica americana… apelando a la desmesura de utilizar momentos y personajes históricos como punto de ancla, elemento referencial y significante del paso de tiempo.

 

Uno de los grandes desaciertos del film es abocarse absolutamente al contexto histórico de un país, para hacerlo compañero de viaje de un  personaje que ya poseía las necesarias cualidades extraordinarias para llevar adelante un gran relato. Entonces, el poderosos contexto utilizado en el film se convertirá en un personaje invisible, pero con peso propio, capaz de absorber al magnífico  Benjamín Button, dejándolo reducido a un etéreo co-protagonista y observador pasivo del relato.

 

“El Curioso Caso de Benjamín Button” está basado en un cuento de F. Scott Fitzgerald, una premisa fascinante que -realismo mágico mediante- permite a Benjamin rejuvenecer a través del paso del tiempo, a contramano del resto del mundo, viviendo una travesía que lo llevará al final de sus días, para ser acunado en su lecho de muerte.

La dicotomía entre el cuento original y el film difieren en la sobremagnificación  del contexto de un país -la historia concreta del último siglo de los Estados Unidos-  que deja sin margen de acción al Benjamín Button de la adaptación cinematográfica.

Adaptando una pieza corta de literatura, como lo es el cuento, con el objetivo de conducir el relato en el cause de una épica cinematográfica, claramente se  produce un cortocircuito entre la tensión y el interés del relato y, por lo tanto, es necesario reconocer que el guión de Roth resulta un simple ejercicio de borrador de su memorable Forest Gump, dejando poco de  curioso al caso de Benjamín Button.

 

Pero, a su vez, es la historia de un amor… breve, pero amor al fin…contrariado por el tiempo, exaltando la valoración del encuentro de dos amantes como un instante en el periplo de la vida, pero extendiéndose en demasía durante  casi tres horas, y habiendo empalagado al espectador para cuando se presente en pantalla la ambicionada consumación de dicha aventura amorosa.

 

Sabemos que algunas películas sustentan sus carencias narrativas con el empleo de algún tipo de artificio o efectos especiales.  Tecnológicamente, “El Curioso Caso de Benjamín Button” goza de una magnífica realización, pero  el artificio técnico se hace presente en demasiadas y forzadas oportunidades, haciendo del film un elegante tapiz escenográfico, carente de toda profundidad emocional.

 

 

Sólo un sueño (Revolutionary Road).
No es otra historia de amor...
Fastidio, Desamor y locura

 

 

Sólo un sueño (Revolutionary Road).

Dirección: Sam Mendes.

Guión: Justin Haythe, basado en la novela de Richard Yates.

Int: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet. Kathy Bates, Michael Shannon.

 

Por Javier Califano.

El nuevo film de Sam Mendes, basado en el libro “Revolutionary Road” de Richard Yates de 1961, brinda un retrato salvaje y en profundidad acerca del fastidio y la frustración que subyacen en la institución del matrimonio, la piedra filosofal del estilo de vida -y santo grial- del sueño americano de la clase media en los años 50.

 

Los armoniosos hogares con pulcros jardines y aroma a tarta de manzana en el aire habrán de revelar, puertas adentro, el caldo de cultivo producto de la angustia y el vacío existencial de seres humanos que no soportarán la fabricación ciertos compromisos y convenciones sociales, que no hacen más que dilapidar las esperanzas, los sueños e ideales de juventud. 

 

Este es el  caso de los Wheeler, Frank (DiCaprio) y Abril (Winslet), quienes  se enamoran después de encontrarse a una fiesta de Nueva York, y deciden acoplarse a las estipulaciones y avenencias impuestas por la sociedad: se casan; se mudan a los suburbios y conforman una familia con dos hijos. Todo según los pasos del manual del buen estilo de vida americano.

 

Las vidas de Frank y Abril presuponen un matrimonio atractivo, jovial y aparentemente “feliz”, lo que se conoce como una pareja que ha logrado cautivar el corazón  de sus vecinos. La monotonía suburbana y  los mandatos de una sociedad consumista y demandante fueron agudamente retratados por Sam Mendes, logrando que “Sólo un sueño” (Revolutionary Road) sea una evidente pesadilla que atañe a  la inseguridad de una pareja que  luego de siete años de matrimonio  tomará conciencia  de que sus vidas no van por los caminos que alguna vez soñaron.

 

Leonardo DiCaprio cumple con una sólida labor actoral, demostrando toda su capacidad al servicio del relato, aunque apoyándose y nutriéndose en la increíble labor de su compañera de elenco,  Kate Winslet, quien  nos brinda escenas tan poderosas que por momentos  incomoda nuestra posición de “espectadores”; sin embargo, es igualmente imposible apartar la vista de la pantalla.

El personaje de Kate Winslet padece una metamorfosis aterradora, desdibujando  su angustia existencial para poner en manifiesto un odio descomunal  para con su marido, a quien ve como el responsable de malgastar la última esperanza de alcanzar sus sueños.


Esta no es una historia acerca de la fuerza del amor y la redención, y mucho menos nos regala una respuesta a los padecimientos existenciales de la vida -esos relatos que tanto le agradan a la academia de Hollwood-. El film es una desesperanzada mirada, cargada de significado, que interviene como revés de la trama  de las historias familiares de pasquín con final feliz... 


Atención: “Sólo un sueño” (Revolutionary Road) es una experiencia cinematográfica intensa, donde Sam Mendes pone todo su oficio de narrador para atacar el nervio más íntimo de la sociedad -la institución familiar-, horrorizando con la claridad de un estilo de vida naturalista, que desborda al marco referencial de un relato inteligente y provocativo…, aproximándose peligrosamente a la realidad.

 

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