Dirección: Scott Derrickson
Intérpretes: Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates.
Por Javier Califano.
En 1951, el film de Robert Wise “El día que paralizaron la Tierra” tenía todos los parámetros de un film “Clase B“, siendo una producción que circulaba por fuera del sistema de Hollywood, apostando entonces por un género menor como la Ciencia Ficción, pero dotada de una temática argumental por demás arriesgada e implacable para el contexto histórico e ideológico de la Norteamérica de mediados del siglo XX.
La paranoia social resultó un lugar común peligrosamente adosado al extravagante “Estilo de Vida Americano” durante la década del 50´, en pleno apogeo y furor de la Guerra fría contra la amenaza comunista.
El ultimátum comunista, los traidores al sistema, y la amenaza roja llegaban por todos los frentes y géneros disponibles en la industria cinematográfica de Hollywood: en el cine de suspenso, con dobles agentes e intrigas internacionales, o en melodramas que truncaban pasiones en pos de traiciones y deberes con la nación.
Pero el cielo no sería el límite para una histeria colectiva creciente y por demás lucrativa de la que sabría cómo aprovecharse la industria de Hollywood, adaptando guiones al género de la ciencia ficción para enfrentar todo estilo de amenazas comunistas: entonces se volvieron recurrentes las invasión de Marte, el planeta rojo.
Fue entonces que la aventura y el imaginario se vieron alterados en su condición, para transformarse en simple propaganda.
“El día que paralizaron la tierra” contaba cómo un extraterrestre casi omnipotente llamado Klaatu llegaba a Washington en su Platillo Volador, con una osada propuesta para los Gobernantes de la Tierra. Robert Wise apostó por un discurso pacifista, pretendió no mostrar “Al otro”, “Al diferente”, “Al extranjero” como una amenaza inminente, sino como “Alguien” con voz y algo para decir.
En pleno siglo XXI, el regreso de Klaatu (un Keanu Reeves que hace gala de la economía de las expresiones) apuesta a que en una larga hora y media de extensión se contesten todos los interrogantes científicos, bélicos, filosóficos que el espectador no se preguntó. Confundiendo, así, el devenir del relato en un insólito y confuso discurso de filosofía “New Age”, liviano panfleto ecologista, y “discreto” entusiasmo ante el fin del período de gobierno republicano.
Apostando a edulcorados momentos de afectado sentimentalismo, no falta el -ya agotado-recurrente tópico de “la familia disfuncional” de una joven y viuda científica (la siempre adorable Jennifer Connelly), especializada en microbiología espacial, quien debe sobrellevar la vida cotidiana con su pequeño -fastidioso- hijastro (el hijo de Will Smith, bastante creído), quien debe ayudar a escapar a Klaatu de las instalaciones militares donde lo mantienen aislado y próximo a ser interrogado y tal vez diseccionado.
El peculiar trío en fuga se demuestra de humores caldeados, mientras Keanu Reeves continúa toda la película con “una onda 0%” y una imperturbabilidad que hace a uno considerar que el noble tío Arnold es el rey de la comedia en films como Terminator I y II, aún cuando interpreta a un robot. Una vez más, Keanu ya ni siquiera preocupado por frasear las líneas con su particular cadencia, se muestra aún más rígido y frío que Neo, el protagonista de Matrix, en donde reflexionara sobre la condición del hombre, detenía balas con el pensamiento y dejaba fuera de combate a sus oponentes con elegantes movimientos.
“El día que la tierra se detuvo”, en su versión del siglo XXI, deja en el espectador un sinsabor por el entretenimiento ausente. Pero será el cinéfilo -o todo espectador vinculado a los clásicos- que sienta el regocijo de una remake sin necesidad alguna de ser, carente de dimensiones narrativas, donde el carácter alegórico que enalteció a la obra original brilla por su ausencia en favor de un producto fallido, frío y vacío.
Director: Guillermo Del Toro
Guion: Guillermo Del Toro
Reparto: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Luke Goss, Seth MacFarlane, Anna Walton, Brian Steele, Roy Dotrice, John Hurt .
Por Ciro Granea (villano invitado de Séptimo Sentido)
‘Hellboy 2. El Ejército Dorado’ nos traslada a un universo fantástico donde un sinfín de hadas y demonios folklóricos, tan habituales en el frondoso imaginario de Guillermo Del Toro, nos aguardan a la vuelta de la esquina con aventuras sobrenaturales, terror gótico, algunos lúgubres pasajes de la prosa de H. P. Lovecraft o también -porqué no- de E. A. Poe, algunas pinceladas expresionistas, un touch de mitología popular y, por último, un poco de humor e ironía.
Si a todos estos caracteres le sumamos la estética inconfundible de uno de los grandes genios del comic americano, Mike Mignola, emerge de las entrañas del averno ( y con cierta gracia ) una obra de culto, el comic de terror y temas paranormales más atractivo de los últimos años: HELLBOY.
Está bien, pero ¿quién es este enigmático personaje?.
HELLBOY es un demonio; con su piel roja, sus cuernos limados y con su cola prensil no deja mucho lugar a dudas. Pero es la clase de demonio que le presentarías a tus padres, o te irías a tomar un café. Resulta que el tipo es más íntegro que muchas personas que podemos llegar a conocer.
Su origen se remonta a los últimos días de la Segunda Guerra, cuando los nazis realizan una sesión de invocación mágica dentro de lo que fue denominado “Proyecto Ragnarok”, con la intención de traer una criatura que les ayude a dar un giro al gran conflicto bélico a favor del Tercer Reich.
Pero para su sorpresa traen un niño-demonio que por un giro del destino acaba cayendo en manos de las fuerzas aliadas.
Esta segunda entrega cinematográfica del popular personaje creado por Mike Mignola, goza de mucha más libertad creativa y menos ataduras formales en la pantalla grande que su antecesora, permitiendo una atractiva mixtura de géneros que le confieren al film un inusual derroche creativo, oscuridad, horror maravillosos, una loable composición narrativa en clave cuento… todo matizado con celebrados pasos de comedia, en particular cuando Hellboy instruye al noble Abe Sapiens (un muy dúctil y talentoso Doug Jones) en la cultura etílica, que concluye en abrazos, andares vacilantes y canciones a coro como ‘Can’t smile whithout you’ de Barry Manilow.
En esta ocasión Hellboy debe lidiar con problemas de pareja junto Liz, su “muy candente” novia (la adorable y encantadora Selma Blair) mientras que intentará salvar al mundo de un –muy Shakesperiano- príncipe Nuada (Luke Goss) quien traiciona a su padre, el rey de los primeros hijos de la Tierra, regresando de un auto-promovido exilio para vengarse y conquistar el mundo de los mortales, haciendo resurgir al temible ejército dorado.
Hellboy y Nuada son criaturas poderosas que conviven con el temor y la incomprensión de los mortales por ser los freaks, los diferentes, los otros.
Pero como antagonistas, “El chico del infierno” criado en los nobles pricipios del Dr. Trevor Bruttenholm (John Hurt) se demuestra diligente y al servicio de proteger a la humanidad de amenazas paranormales, aún cuando lo acose la duda sobre su labor de proteger a quienes lo marginen y lo miren con desdén. Hellboy es una criatura atrapada entre dos mundos, pero no es aceptado en ninguno, debe escoger entre la vida que ya conoce o el destino desconocido que le aguarda.
En tanto Nuada, regresa para alistar a todos aquellos “diferentes” que padecen la falta de aceptación y la ignorancia de los seres humanos, quienes, siglos atrás -invadidos por el temor-, se negaron a establecer una alianza de coexistencia con los seres mágicos que finalmente fueron (literalmente) encontrando resguardo en los bosques, y en plenos siglo XXI habitan alcantarillas y callejones de las grandes ciudades: Es entonces que el film nos presenta la procesión de seres fantásticos en la escena del mercado de trolls, donde toda criatura mágica y extraordinaria tiene lugar para destacarse en un cameo.
El siempre destacado trabajo de Guillermo Del Toro ( “Cronos”, “Blade 2”, “El Espinazo del Diablo”, “El Laberinto del Fauno” ) permite apreciar el tratamiento de los personajes… en particular, allí donde la destreza del realizador mexicano y el talento interpretativo de Ron Perlman convierten al Hellboy al papel y tinta china que habita en las viñetas, en una encantadora criatura de celuloide.
The Dark Knight, Estados Unidos/2008.
Dirección: Christopher Nolan.
Int: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Michael Caine, Maggie Gyllenhaal, Gary Oldman, Morgan Freeman.
Por Javier Califano.
La destreza de un realizador y narrador como Christopher Nolan establece con “El Caballero de la Noche” una elocuente orquestación estética y argumental, en un film cuyo valor compositivo no se encuentra en una estructura “estética” de contrastes visuales -dado el caso, el film podría operar como un manifiesto de estructuras expresionistas- sino que establece un agudo relato compuesto por el intenso forcejeo filosófico, ético y moral.
Mas allá de sustentar la idea de Batman y el Joker como antítesis maniqueas, el relato desarrolla un imperioso análisis de los trabajos de Hobbes, Sartre, Nietzsche, y Kant sobre el antagonismo de caos/orden o el libre albedrío/determinismo… estableciendo -así- una bifurcación que constituye la profundidad psicología y el -trágico- desarrollo de un personaje que, acaso, representa la idea fuerza más ampulosa del film: Harvey Dent/Dos caras.
El “Método de Representación Naturalista” es la rúbrica imperante en la filmografía de Christopher Nolan (Memento, Insomnia, Batman Begins, El Gran Truco) basado en el análisis de las vicisitudes internas de personajes -principales y secundarios- perfectamente delineados en concordancia con un relato que apunta a profundizar una condición atormentada y una constante alteración/ trasgresión de lo real, la verdad y lo moral.
“El Caballero de la Noche” nos presenta a un Bruce Wayne (con todo el realismo y la determinación de Christian Bale) que sostiene su causa con la cita “Batman no tiene ningún límite”, siendo capaz de no dudar en infringir algunas libertades civiles en pos de contener el pánico y la paranoia generalizada frente a la amenaza terrorista del Joker. De esta forma, surge el planteo que se constituye como una intensa alegoría sociopolítica: ¿la embestida criminal -terrorista- requiere de medidas desesperadas?. Lucius Fox (Morgan Freeman), el asistente tecnológico de Bruce Wayne, actúa como una voz de la conciencia, advirtiendo acerca de la concentración de demasiado poder en una sola persona, algo que es por demás una actitud nociva. Cuestionamiento que debe cargar sobre sus anchas espaldas Bruce Wayne para salvar su ciudad y todos aquellos a quien ama.
“Usted es el héroe a quien todos odian, pero él único capaz de tomar las decisiones difíciles”, menciona un Alfred (Michael Caine, siempre destacado) casi paternal, quien muy a su pesar, reconoce que Bruce dejó de ser un muchacho solitario, entendiendo así su posición de fiel escudero de un guerrero.
Artes equivalentes.
Si debiésemos buscar que el Batman de las viñetas se ajusta más a la representación cinematográfica de “El Caballero de la Noche”, deberíamos, entonces, tener en cuenta dos instancias:
En primer caso, el Batman de Dennis O´Neil, autor de historias contextualizadas en temas sociales y políticos, habrá de delinear la figura de un Bruce Wayne que sustenta la representación de Batman como un héroe urbano, una creación social e izquierdista. Un caballero oscuro más severo y más sofisticado, enfatizando sus habilidades detectivescas y su rigurosa disciplina en artes de combate oriental.
Pero la esencia misma de “El Caballero de la Noche” concreta sus bases en la novela gráfica de Alan Moore, “La broma asesina” , que a mediados de los ’80 profundiza la relación que une a Batman con su singular villano, el Joker. El guionista británico Alan Moore es responsable de “novelas gráficas adultas” como Watchmen, V de Vendetta y Desde el infierno. La obra de Moore es reconocida por un discurso adulto y una propuesta narrativa enriquecida a la luz de obras literarias que permiten desarrollar la complejidad del trasfondo en el comic, explorando con Watchmen el cuestionamiento e indagaciones acerca del superhombre nitzscheano , o con V de Vendetta la genial metáfora sobre el concepto de libertad y el libre albedrío.
El Caballero Oscuro/ el Caballero Brillante de Ciudad Gótica.
Bruce Wayne/Batman vislumbra la posibilidad de colgar su máscara y aproximarse a una vida “normal” con la aparición Harvey Dent, el nuevo fiscal de distrito, un hombre que está intentando cambiar “su” mundo sin el recurso de artilugios de alta tecnología o la apariencia atemorizante de un Murciélago. Una figura de la justicia no teme caer con todo el peso de la ley ante altos jefes del crimen organizado.
Harvey Dent es “el Héroe legal y brillante que Gotham City se merece” representando la última luz de esperanza de una cuidad que esta presenciando el derrumbamiento de todas sus instituciones. Mientras el sistema de justicia y las autoridades de la ciudad no pueden detener el accionar y el lavado de dinero por parte de las mafias locales -que repercuten en la “compra” de jueces y policías-. James Gordon (una vez más, trascendental Gary Oldman) y unos pocos hombres del departamento de Policía de Gotham recurren a una asociación con Batman, un vigilante fuera de la ley pero con métodos efectivos: “No es el héroe que Gotham se merece, es el héroe que Gotham necesita”, recurre James Gordon en una cita memorable.
El fiscal Harvey Dent (un destacado Aaron Eckhart) entiende lo necesario que es la ayuda de Batman en el caótico presente en que está sumergido Gotam City. No obstante, advierte a la sociedad y al cruzado enmascarado que una vez que todo regrese a la normalidad, llegará la hora de que Batman rinda cuentas por sus métodos “fuera de la ley”.
El triángulo romántico entre Bruce Wayne, Rachel Dawes (una adorable Maggie Gyllenhaal) y su nuevo novio, el ascendente fiscal Harvey Dent, propone una instancia en el relato que escapa a los típicos vericuetos románticos de Hollywood. Rachel Dawess, amiga de la infancia y el interés romántico de Bruce Wayne, se encuentra ahora en pareja con Harvey Dent, por lo que el inefable playboy billonario buscará justificar la exposición mediática de Harvey como nuevo héroe de Gotham City, como el pretexto ideal para reconquistar a su amiga, planteando una situación que obedece más a una “obstinación” que a vicisitudes románticas.
Pero el accionar terrorista y anárquico del Joker, un travieso psicópata embadurnado en “pintura de guerra” a modo de una macabra sonrisa, pretende unir el hampa de Gotham City con el objetivo de acabar con Batman y Harvey Dent.
¿Why so serius?
El Joker del memorable Heath Ledger (1979-2008) resulta una interpretación magnífica y sin precedentes, con una locura y una densidad que pierden todo rastro del joven actor australiano, para que de lo profundo emerja la totalidad de una mueca siniestra e inolvidable. Heath Ledger y el Joker se vuelven inmortales gracias a la magia del celuloide, ingresando en la historia del cine de los más adorables freaks, dispuestos en una mesa fáustica junto con el “Hannibal Lecter” de Anthony Hopkins, el “Drácula” de Gary Oldman, “Alex", el protagonista de "La Naranja Mecánica” de Malcolm McDowell y “DonCorleone” y el “Coronel Kurtz”, ambos en la piel de Marlon Brando.
A diferencia de todo villano, la versión extremista y definitiva del Joker no muestra interés alguno por el dinero, de hecho, lo quema sin ningún miramiento después de una orquestada operación que resultó en el vaciamiento de las arcas de la mafia. Su único objetivo y obstinación es establecer el caos y el terror un espacio urbano, para poder sentirlo como propio.
Un laberinto moral.
La contienda entre Batman y el Joker resulta una obra maestra de 152 minutos épicos, manifestados como un laberinto moral que no elude al análisis de un perspicaz contenido sociopolítico. El realizador y escritor Christopher Nolan ha elaborado una obra meticulosa, sostenida por una estructura narrativa imponente, más arriesgada e intrépida que la que ya había realizado entonces para Batman Begins -dedicado al trauma originario del héroe freak, que en su infancia resultó testigo del asesinato a sangre fría de sus padres-; dicho film no se opaca ni pierde su valor implícito frente una obra majestuosa como “El Caballero de la Noche”.
La pertinente versión cinematográfica obedece a un relato autosuficiente con corazón propio e integridad. No es Batman 2 (o 6 ó 7 dado el caso de que se cuenten sus anteriores versiones). Christopher Nolan busca ejercer su arte de narrador, demostrando que muy lejos de sus intereses se encuentran los dictámenes que administran a una franquicia de estudios cinematográficos. Con “El Caballero de la Noche”, Christopher Nolan ha demostrado que no es necesario realizar un film en las penumbras para rezar de su condición gótica.