El increíble Hulk.
La revancha del gigante.
La bestia, por los caminos de América

 

Por Javier Califano. 


¿Qué harías si toda situación de conflicto te trasformara en una bomba a punto de explotar?. ¿Qué harías si en cualquier momento te transformaras en un monstruo conocido como Hulk?
De seguro, no perderías la oportunidad de acercarte a Hollywood y convertir tu peculiar y verdoso tono radiactivo en un redituable “tanque de temporada”, que, como buena fantasía de celuloide y grandiosos efectos especiales, garanticen el entretenimiento de los espectadores. 

Recordemos que -hace unos años atrás- el personaje gozó de una peculiar visión de su trágica epopeya, dirigida por Ang Lee y protagonizada por el australiano Eric Bana. Entonces, dicha versión cinematográfica resultó en un muy correcto análisis de la psique conflictiva del personaje. El caso es que el “grueso” del público no supo comprender tal visión ya que entonces se buscaba cantidad de parafernalia visual y poco de calidad argumental. El desdichado Hulk de Ang Lee tuvo una tibia y discutida aceptación en un mercado donde las producciones de Hollywood requieren de resultados inmediatos en taquilla y aceptación popular. Resultados que se miden en dólares, el verdadero coloso verde. 

Pero en los últimos tiempos, Hollywood comprendió que ya no alcanza con el más lucrativo despliegue visual. Hoy, las superproducciones deben disponer de cuidadosas tramas que garanticen cierta profundidad en sus productos más comerciales. Por este motivo, desde hace algunos años, es muy cuidadosa la elección de los directores y guionistas -eje medular del film- como de los protagonistas de los productos más redituables o “tanques comerciales” que hoy en día no recaen en figuras de ocasión, sino en actores habituados a un cine independiente que prima la calidad y las ambiciones artísticas, como es el caso de Christian Bale, Gary Oldman, Michael Caine, el desaparecido Heath Ledger y Aaron Eckhart, en la inminente “Batman, The Dark Knight”. Un camino similar parece tener otro de los héroes de viñetas como Iron Man, que cuenta con el grandioso Robert Downey Jr., Terrence Howard, Gwyneth Paltrow y Jeff Bridges… Digamos, entonces, que el signo de los tiempos determina que el producto de temporada pone en primer plano la trama y la calidad como ecuánimes. 

“Hulk” es dirigida por Louis Leterrier (“Danny the dog”) -el niño mimado de Luc Besson-, un realizador avezado en el género de la acción, que dentro del cine francés supo matizar los tópicos del género y asociarlos al drama y la comedia. En esta oportunidad, y con cierta elegancia y oficio, sale victorioso al poder transformar toda la parafernalia visual de una superproducción en un torrente de emociones encontradas. Algo no menos significativo para un personaje como Hulk. 

El presente film se nutre de un espíritu paranoico, similar al que años atrás le adosó al comic el genial guionista Bruce Jones -acaso la mejor etapa en años del personaje (2001-2003)- creando una serie de historias del camino (road-tales) con toques de intriga política y suspenso, donde el protagonista es Bruce Banner, acompañado de la justa participación de Hulk. Durante su período como guionista, Jones hace de Bruce Banner un personaje muy rico en matices, datos tenidos en cuenta por el genial Edward Norton -dos veces nominado al Oscar y uno de los niños terribles de Hollywood-, con el fin de enriquecer su participación en la pantalla grande. 

Acompañan a Edward Norton un notorio elenco integrado por Tim Roth, como el soldado de fortuna Emil Blonsky, y la monstruosa Abominación, que resultará una meritoria contrapartida de Hulk. 
Mientras que Liv Tyler interpreta a Betty Ross, la mujer capaz de calmar al gigante esmeralda, con toda certeza, la dama dulce que los superhéroes alguna vez soñaran. Todo el poderío militar de los Estados Unidos descansa en las decisiones y el gesto adusto de William Hurt, interpretando al General Ross, que –además- es el padre de Betty (Liv Tyler), la novia del barrio de Banner, aquella que, flacucho y todo, nunca dejó de amarlo. 
Pero la sorpresa, es la participación de Robert Downey Jr. como el magnífico Tony Stark, quien se presenta avecinando lo que se ya es una realidad concreta, la invitación para que Hulk se sume al gran proyecto de Marvel films para los todos los superhéroes: la iniciativa Vengadores. 

La nueva película de Hulk presenta a un Bruce Banner (Edward Norton) en constante huida. Sin lugar donde esconderse, este flacucho al peder el control puede transformarse en un monstruo esmeralda de media tonelada, capaz de dejar a su paso un tendal de caos y destrucción. Es perseguido por un grupo de militares de los Estados Unidos, que -en un estilo muy republicano- buscan disponer de los resultados del fallido experimento de rayos gamma que hacen mutar al científico en el descomunal Goliat. La misión es encabezada por el General Ross (William Hurt), quien pretende confinar en instalaciones del gobierno a Bruce Banner como propiedad de aquél, y utilizar su cuerpo como una futura arma de destrucción masiva. 

El atormentado Bruce Banner, en constante persecución, no encontrará lugar en el mundo donde esconderse y ejercer un auto-control de su bestia interior. 
El nuevo film rescata el espíritu de la serie de TV. protagonizada por Bill Bixby y Lou Ferrigno, de finales de los ‘70. En aquel entonces, la temática de la serie ostentaba un halo melancólico que indagaba en las desventuras de un afligido Banner convertido en un paria que recorría las rutas de los Estados Unidos, con su bestial alter-ego a cuestas… Cabe destacar que la serie del Increíble Hulk estaba por demás influenciada por otra mítica serie de TV, “El Fugitivo”.

 

 

IRON MAN
Decostruccion
La reivindicación del antihéroe

 

Dirección: Jon Favreau. 
Guiòn Mark Fergus: Arthur Marcum. 
Int: Robert Downey Jr., Terrence Howard, Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges. 


Por Javier Califano. 


Iron Man podría definirse como un elegante film que es la glorificación de la irreverencia misma, representada en un festival a la medida de la genialidad y los desbordes de Robert Downey Jr (“Kiss Kiss Bang Bang”; “Good Night, and Good Luck”; “A Guide to Recognizing Your Saints”), encarnando a Tony Stark, un multimillonario excéntrico y visionario… El Howard Hughes del siglo XXI. 
Tony Stark es un megalómano genio creativo y, a la vez, una de las figuras más controvertidas del mundo, reconocido como el exclusivo contratista y fabricante de armas que abastece al ejército de los Estados Unidos desde los ‘90. Viviendo la gran vida gracias a los dividendos de sus creaciones, Stark es un genio sin precedentes que se maneja con la impunidad y excentricidad de una estrella de rock, apareciendo en las portadas de Time, Rolling Stone y un sinfín de revistas.

 

La figura del momento, a quien la prensa ha denominado “el DaVinci moderno”, fabrica las armas más avanzadas sin reparo alguno acerca de los daños colaterales que producen las minas antipersonales -a las que Tony Stark llama sus “juguetes”- que todavía destrozan las vidas de niños en países del tercer mundo. 

Tras una demostración en Afganistán del devastador nuevo misil Jericó para el ejército estadounidense, Tony Stark es secuestrado por el grupo terrorista llamado ‘los 10 Anillos’; en un intento por escapar de sus captores, sufre un atentado y es herido – paradójicamente con una mina antipersonal de su factoría-, despertando con un dinamo injertado a su pecho, que mantiene las esquirlas alejadas del corazón. 

El grupo terrorista obliga a Stark a fabricarles un misil Jericó, a cambio de comenzar las negociaciones por su libertad…; un tema de estado, luego de dos meses de cautiverio. 



Lo irónico del film exacerba la impunidad concerniente al tráfico y venta de armas a gran escala; tanto las armas utilizadas por los terroristas como los materiales que le facilitan han sido fabricados por la propia la empresa, Stark Enterprises. 

Sabiendo que su cautiverio es una muestra de poder para la facción terrorista, Stark comprende que no podrá salir vivo de allí, y en vez de fabricar el misil, pone su ingenio y manos a la obra al servicio de la invención de una armadura de combate que garantice su escapatoria. 

Por lo tanto, la moraleja del film reside en una muy particular y fantástica rehabilitación ideológica de Tony Stark, su gigante protagonista. 



Al llegar a EE.UU, Tony Stark anuncia que Stark Enterprises cierra todos los proyectos vinculados a la fabricación de armas, renunciando a todos los contratos con el departamento de defensa de los Estados Unidos. Dicho suceso desencadena una brutal caída de la empresa en bolsa, y un cuestionamiento masivo sobre el patriotismo y la lealtad del millonario. 

Ya nada será igual en la vida de Tony Stark, su obsesión ahora es acerca de cual será su legado para el futuro…. ¿o si sólo será recordado como un mercader de la muerte?. Por lo tanto, dedica todo su tiempo a la construcción de una nueva armadura de alta tecnología, que salvaguarde la vida de inocentes. El discurso del film es cuidadosamente delineado desde un acertado tono de acusación, bastante irónico, que interroga acerca del desatino y los manejos de los Estados Unidos en la actualidad… manteniendo la paz, pero creando el arma definitiva. ¿Por qué no es la armadura del Hombre de Hierro, con su enorme poder destructivo, sencillamente otra aplicación de la industria de defensa? 



Un personaje como Tony Stark necesita de un gran actor como Robert Downey Jr. para transmitir todo tenor intelectual y la complejidad emocional y moral.. Estando un tanto por encima de otros superhombres vestidos de spandex, Downey Jr. presta la experiencia de un actor de carácter y profundidad - dos cosas esenciales para la transformación que debe ocurrir en la complicada conciencia de Tony Stark-. 


El equilibrio entre el naturalismo del mundo real y el surrealismo del comic book hacen de la película de Favreau, un espacio ideal para la mixtura de géneros ya que IRONMAN se pasea entre el humor negro descarado, el film de acción vertiginoso y la estructura de drama convencional. De algún modo, se intuye que este es el film emblema de Marvel Studios -subdivisión de Marvel Comics, con control creativo sobre los productos- y marcará un sendero a continuar en futuras adaptaciones de los populares personajes de la editorial. 



Favreau sorprende como director al frente de una superproducción, ya que provenía de realizaciones de menor envergadura, orientadas a la comedia de humar independiente. 
Downey Jr, Favreau parecen tener el tino de compartir con el público una versión provocadora y divertida de una película del superhéroes… la película que ellos quisieron ver, realmente apasionante para el espectador y refinada en labor y calidad artística.

 

Sin lugar para los débiles.
la sangre como hilo conductor de un relato implacable

 

Int: Josh Brolin; Javier Bardem, Tommy Lee Jones. 
Dir: Joel & Ethan Cohen. 

Por Javier Califano.


Miles de dólares en una valija en medio de un desértico paraje y un tendal de cadáveres son el resultado de una fallida operación de tráfico de heroína cerca de la frontera mexicana. Por lo tanto, una oportunidad irrepetible que se cruza en el camino de Moss (un digno Josh Brolin), quien de ocasión se encontraba en zonas aledañas cazando venados. El destino proclamará a Moss como un desdichado antihéroe que fracasará en su homérico intento de cambiar su marcado destino. 
Basado en la novela “No country for the old men” de Cormac McCarthy, el cine de los Hermanos Cohen propone ajustarse a referencias propias de su tan particular universo cinematográfico, donde “La Suerte”, “la Muerte”, “la Carretera” y “la Persecución” comulgan para ser sustantivos de un relato, donde aquel -otrora cazador-, se convierte en presa. 
Tomar lo que no le pertenece a uno tiene el costo de ser el objetivo de una doble cacería: primero, por parte de unos aventurados matones mexicanos que buscan quedarse con el dinero de la fallida transacción; pero lo más grave es ser la obsesión del más sádico y retorcido psicópata a sueldo, llamado Chigurh (un magnífico Javier Bardem), contratado por los americanos que quieren recuperar su dinero. 


La Persecución. 

Toda una naturaleza brutal sale a relucir en un contexto desolado, donde los amorales protagonistas se lanzan a una carretera que sólo sirve como escape ideal para obviar toda dirección y rumbo correctos. 
Un hombre desesperado corre delante de otro que se regodea en la situación. El perpetuo y tan macabro juego del cazador y la presa, que tanto agrada a los hermanos Cohen, encuentra su lugar en un film furibundo como “Sin lugar para los débiles”. Los personajes interpretados por Javier Bardem y Josh Brolin se desdibujan en un trazo rabioso de carácter hiper-violento, de aquello que realmente representan…la tan carismática referencia de la persecución cartoon: El Coyote y el Correcaminos. 

En tanto, encontramos, ya extenuado, al tercer personaje integral del relato… a varios cuerpos de distancia… Tras la pista del desdichado Moss y del terrible Chigurh, se presenta el sheriff Bell (Tommy Lee Jones), un hombre de ley, reconociendo que ya se encuentra demasiado viejo para estas situaciones. El Sheriff Bell no es otra cosa que el otro lado de la fábula de la tortuga, que trata de mantener el paso detrás de la(s) liebre(s), pero sin moraleja. Su camino y dirección se dibuja gracias al rastro de sangre dejado por Moss y Chigurh. Un rastreo a paso constante, nunca acelerado -corre donde quieras, no hay donde esconderse- ni de los asesinos, ni del inclemente paso del tiempo, o la vejez, en el caso del sheriff. 


La Carretera/ el Camino... El cruce de los mismos. 

Trabajado, acaso, como una de las más poderosas metáforas de toda la filmografía de los Cohen, ya sean sus obras road movies o no, las carreteras cargan con el poderoso significante de una representación del hastío de hombres prestos a huir de un momento a otro, sin destino e inmersos en la soledad. 
Con su motorhome en una cuneta, el relato se inmiscuye en la falsa y pretendida vida hogareña que sostiene Moss (Josh Brolin), junto a una joven bonita y algo tonta, que hace pocas preguntas y sabe cuándo cerrar la boca. A un lado del camino, sin compromisos, prestos a salir cuando el aburrimiento y la monotonía dejen de ser parte de su rutinario y complaciente paraíso. 


En el camino, sin punto de partida, y sin un destino esclarecido al finalizar el film, es donde encontraremos a Chigurh (Javier Bardem) un psicópata contratado para ser la sombra misma del infortunado Moss y eliminar a su objetivo. El misterioso personaje no es otra cosa que la representación de la muerte que acecha en la carretera. Se puede ser muy perverso y temible, pero cuando se es parte del imaginario de los Cohen, debe de pagarse un tributo… y aguardar sin más a enfrentarse a la temible encrucijada de los caminos. 
Los protagonistas se proponen alcanzar una meta en el horizonte (hipotético e inalcanzable). Una vez perdidos en la lejanía, sólo quedará de ellos un rastro de sangre que traza el hilo conductor de “Sin lugar para los débiles”. 


El Azar. 

Moss no es más que un hombre que tentó al azar en pos de cambiar su patético destino. La suerte le dio la espalda y por lo tanto debe pagar las consecuencias, y más aun… todo aquel que lo rodea es parte integral de la deuda contraída. 
Una fuerza de la naturaleza como Chigurh, un incansable y obsesivo psicópata, se demuestra tan inclemente como para ser capaz de echar a suerte de cara o seca la vida de sus presas. Como si todo fuese algo más que matar por placer o dinero… el personaje se demuestra fiel a respetar el azar, que puede saciarle su sed de sangre o quitarle una de sus presas de las fauces. 


“Sin lugar para los débiles” propone un relato que transita continuamente por tres instancias narrativas, consecuentes, complementarias y con sorprendentes consecuencias. Una instancia narrativa, la del Sheriff Bell, tendrá una naturaleza analítica, contemplativa y pasiva en el devenir del relato. Las otras dos instancias narrativas juegan un rol más arriesgado ya que serán espacios itinerantes en los que se intercalan las vertiginosas y descriptivas consecuencias de la persecución de Chigurh y Moss. Lo interesante será cuando una de las mismas desaparezca… representado en el film con la ausencia de uno de los protagonistas en una lograda utilización del fuera de campo. 

El nuevo y muy logrado film de los hermanos Cohen nos deja con las ganas de un duelo final, aquel que veníamos saboreando desde el inicio de la película… un duelo que presentíamos sería memorable, cuando con anterioridad quedamos boquiabiertos con la magnifica escena en la que Moss -estando a punto de desvanecer- se enfrenta con un perro de caza.

 

 

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