Por Javier Califano.
Los 9 minutos iniciales son suficientes para conocer y disfrutar de todo lo que puede ofrecer “Transformers: Revenge of the Fallen” en favor de una desmesurada y agobiante parafernalia visual explotada para cubrir la ausencia de argumento en el desarrollo del film. Las casi 2.30 hs de la película no son más que sinónimo de la carrera clippera de de Michael Bay, con su obsesión por la destrucción de las ciudades y las escenas en portaviones de los Estados Unidos. El desmesurado despliegue visual de la película en un festín orgiástico de luces, ruidos y fuegos artificiales, pero sin ninguna contundencia… tan artificial como cine porno de industria, pero con tuercas y engranajes.
“Transformers: Revenge of the Fallen” se convierte en un film redundante con su primera entrega, que había logrado aprobar con lo justo, sin más ni menos. En aquella oportunidad, el primer capítulo de la saga ya destilaba groseras fallas en el desarrollo del film y en una suerte de aumento, que ahora resultan ser mucho más evidentes.
El espectador que es agraviado y marginado por algunos sectores de la crítica, al ser mal llamado “Pochoclero” (que no es ninguna deshonra), ya se siente saturado al atravesar la hora y media del film, ya colmado por desacertadas acciones que, una tras otra, se repiten, agotan y cansan a cualquier espectador. Parece que algo de eso intuyó el veterano Michael Bay cuando prefiere obviar el virtuosismo tecnológico de los efectos visuales y los robots para dejar lugar a que los pechos de Megan Fox -ya sean transpirados, embarrados o sugerentemente cubiertos de arena- sirvan como distracción en el film.